sábado, 30 de junio de 2007

Viejo cuerpo y nueva carne: camino a una inédita estética.


Por
David Jiménez Castaño


PRÓLOGO: FILOSOFÍA Y CINE

¿Qué fue del fantasma que habitaba en la máquina? Parece que en nuestros días nadie se pregunta por él y que, invirtiendo las prioridades racionalistas, es más necesario un método para la dirección del cuerpo que para la del alma. Métodos milagrosos de adelgazamiento, pasarelas de moda y revistas especializadas, gimnasios, centros de cirugía estética... nadie quiere descuidar su cuerpo y, como ya sucediese en el Barroco, se buscan sistemas desesperadamente para brujulear este nuevo mundo. No cabe duda de que el cuerpo es hoy en día un asunto de vital importancia para nuestra sociedad.
Este breve trabajo intentará examinar dos discursos acerca de él. En primer lugar se analizará filosóficamente el discurso oficial imperante en nuestra sociedad, es decir, el que aboga por el cuidado obsesivo de un cuerpo reducido exclusivamente a superficie. Paralelamente al discurso oficial señalaremos una alternativa cinematográfica que, mediante técnicas de guerrilla, trata de luchar contra el orden imperante. Dicho contradiscurso se basa en las consideraciones de lo que se viene conociendo como la “Nueva Carne”. Este es el discurso que aquí defiendo.

FILOSOFÍA: CUERPO Y BELLEZA COMO DISCURSO ESTÉTICO OFICIAL

A mediados del siglo XIX, Rimbaud nos anticipó la caída en desgracia de la belleza y Bodelaire comenzó a mostrarnos las posibilidades de la excitante maldad. En el terreno artístico, las vanguardias de principios del siglo XX continuaron con el empuje de esta idea al apostar por un “arte-ya-no-bello” en pos de la verdad; y en su Teoría Estética, Adorno nos presentaba la belleza como el enmascaramiento ideológico de la barbarie. A principios de la segunda mitad del siglo XX la belleza había desaparecido después de dominar el panorama occidental durante casi dos mil quinientos años.
La verdad es que, en el siglo que acabamos de recorrer, nuestra pobre belleza no tenía muy buen aspecto y mantenerse tanto tiempo en primera línea de la actualidad es un esfuerzo sobrehumano que acaba por pasar factura a cualquiera. Este fue el motivo de la desaparición de la belleza. Pero ¿dónde estaba?, ¿había muerto abandonada y sola vagabundeando por las sucias calles de alguna ciudad industrial? Nada de eso. La belleza se mudó de escondidas a los ambientes mas “in” de Nueva York y Los Ángeles, se hizo la cirugía estética y se volvió superficial para retornar al mundo con más fuerza de la que nunca había tenido. Esta ha sido la vida de la belleza desde los años cincuenta en adelante, situación que llega hasta nuestros días y en la que nos encontramos sumidos ahora mismo.
La belleza ha retornado como paradigma, pero ya no es la que era antes sino que se ha adaptado a los nuevos tiempos de la sociedad de consumo. La belleza ya no es ideal ni está relacionada con el alma como lo estuvo en Platón o San Agustín. La belleza actual ha buscado un aliado, un punto de apoyo, en un residuo conceptual de la cultura occidental: el cuerpo. Desde el temprano desprecio platónico y cristiano, el pobre cuerpo ha sido un paria marginado que hasta mediados del siglo XIX no comenzó a cobrar relevancia propia en el panorama intelectual de occidente. “El cuerpo mismo ha perdido su estatuto de alteridad, de res extensa, de materialidad muda, en beneficio de su identificación con el ser-sujeto. El cuerpo ya no designa una abyección o una máquina, designa nuestra identidad profunda que puede exhibirse (...) en su verdad natural”. Pero esa posibilidad de exhibición del cuerpo a quedado reducida a una única dirección debido al engaño de la belleza superficial. Este es el objetivo básico de mi pequeño estudio: recuperar estéticas del cuerpo que, lejos de centrarse en su superficie, tratan de reivindicar todas sus expresiones y posibilidades por abyectas que estas sean.
Curiosamente el auge del cuerpo liberado del yugo del alma y la caída de la belleza en el pozo del ostracismo son cronológicamente coincidentes. La nueva belleza frívola diseñó entonces una estrategia digna de las portadas de la prensa del corazón: una vez rejuvenecida con la ayuda de la cirugía “estética” seduciría a la nueva celebridad representada por el cuerpo para, de esa manera, volver a tener acceso al selecto mundo de la “alta sociedad”. Dicho sin rodeos: una nueva concepción de la belleza, no ideal, sino superficial (¿un simulacro de lo que fue tiempo atrás, tal vez?), unida a un cuerpo que ya no es camello porteador de las neurosis del alma intelectual, dan como resultado el actual discurso estético del cuerpo; discurso que a continuación entramos a analizar con más detenimiento.
¿Qué es lo más “in” o lo más “cool” de nuestra cultura actual? Se puede ofrecer un largo y variado catalogo de tendencias en el que seguramente aparecerían términos como modelos de moda, “gente guapa”, metrosexuales, cirugía estética... y todos ellos caen bajo el mismo denominador común: culto al cuerpo objetivable en su belleza externa. Hoy hemos vuelto a una belleza clasicista que se plasma, ya no en estatuas clásicas esculpidas mediante los cánones racionales de belleza ideal que diseñan los grandes artistas, sino en nuestros propios “cuerpos 10”. Llama la atención esta cita de la incendiaria novela del ex-publicista francés Frédéric Beigbeder 13’99 Euros: “Ves The Grind en la MTV. Miles de chicas en bikini y camisetas demasiado cortas mueven el esqueleto en una gigantesca pista de baile al aire libre (...) A su alrededor, unos chicos negros y cachas con relucientes abdómenes de tableta de chocolate. El programa tiene como único concepto la belleza plástica y la transpiración techno. Todo el mundo debe tener unos eternos dieciséis años. Hay que ser guapo, joven, deportista, estar bronceado, sonreír y seguir el ritmo. Divertirse, de acuerdo, pero con obediencia y disciplina bajo el sol. Se exige ropa ceñida (...) Y sin embargo, en inglés grind significa TRITURACIÓN. Este ordenado culto a la juventud te recuerda El Triunfo de la Voluntad de Leni Riefenstahl o las esculturas de Arno Breker (...) Durante una hora parece no terminarse nunca, contemplas ese fascismo de balneario...”.
Y es así. Hoy el canon de Polícleto ha sido sustituido por las directrices de agencias de publicidad, del mundo de la moda, de los medios de comunicación... directrices que varían constantemente en función de las necesidades del mercado pero que mantienen siempre un mismo referente: el cuerpo bello como mera superficie. Basta encender la televisión para verse sometido a un bombardeo constante de prerrogativas para que cambiemos de “todo” en función de un mejor estatus social. Es nuestra apariencia externa y no nuestro esfuerzo laboral, intelectual o personal lo que marca nuestra valoración.
Pero no tenemos que creer que esta “nueva” consideración del cuerpo como belleza superficial es, por frívola, amoral. Este discurso tiene una moral corporal basada en la antigua unidad de los trascendentales: belleza, bondad y verdad. Basta con fijarse en producciones televisivas y cinematográficas de gran aceptación social y de público (o lo que es lo mismo, “oficiales”) para comprobar lo que aquí estamos tratando de explicar.
Tomemos el caso del film Pretty Woman. Allí el rico ejecutivo interpretado por Richard Gere se enamora de una guapa, aunque prostituta, Julia Roberts, dando como resultado una historia similar a la Cenicienta. Si ella hubiese sido una prostituta de cualquier zona marginal, adicta al crack o a la heroína, y demacrada por los continuos abusos de hombres y “chulos” (tal y como suele pasar en la realidad), él no se hubiese enamorado y la historia no habría tenido lugar. Pero el mensaje a transmitir en esta producción exigía un enfoque diferente. Ella ejerce la profesión accidentalmente, por circunstancias de la vida, pero esa situación social no le afecta ni física ni psicológicamente, manteniéndose limpia, incorruptible y, sobre todo, guapa. Es esa pureza, esa inquebrantable fe y culto religioso a la belleza del cuerpo, lo que le permite salir de una situación desesperada y alcanzar el lugar destinado a las personas como ella: la felicidad, el éxito y la riqueza. Ella era buena y bella, por lo que debía acontecer la verdad, es decir, debía triunfar en la vida.
La cuestión está clara: lo feo, como ya sucediese en la Estética de lo Feo de Rosenkrantz, aparece como una mera ocasión del triunfo del cuerpo bello, bueno y verdadero. Esta es la situación en la que nos encontramos en la actualidad y contra la que hay gente que se intenta rebelar.
¿Qué sucede con el resto de expresiones del cuerpo? Curiosamente, y pese a esa apuesta por la libre exhibición del cuerpo reconquistado, son marginadas y tachadas de amorales. Una de las mayores muestras de la libre expresión del cuerpo es la pornografía. ¿Por qué no aceptarla? ¿Por qué no abrir los ojos de una vez por todas ante el hecho de que el cuerpo envejece, enferma, esta relleno de vísceras...? “La cultura occidental del cuerpo es básicamente una cultura de la piel. Cuando se habla de la belleza exterior del hombre se refiere al cuerpo, y cuando se hace respecto al interior, al alma. A nadie se le ocurre pensar que se trata de las vísceras (...) El exterior del cuerpo parece ser objeto legítimo de diversión, mientras que el interior implicaría, más bien, una perversión. Siempre que hay que abrir el cuerpo es para algo malo, y menos aun se tolera que el cuerpo salga, y haga exposición pública de sus excrecencias, líquidos y vómitos (...) el fenómeno de una consideración no sublimada del cuerpo está en la “Nueva Carne”. En ella no sólo cambia la forma moderna del cuerpo, el hombre de Vittrubio, sino que salen fuera los humores mismos”.
La Nueva Carne aboga por mostrar el cuerpo de una forma transgresora, pero no por eso irreal. En estas producciones los cuerpos son golpeados, abiertos en canal, utilizados como tapicería o menaje del hogar, mostrados en plena orgía de sexo y sangre... aunque con toda seguridad la inquietud que despierta venga de su posibilidad: “La Nueva Carne (...) hace que el infierno sea algo físico, no imaginado. Así pues, uno de los méritos de la nueva carne consiste en su habilidad para crear monstruosidades creíbles y tangibles. Sus monstruos son posibles, tienen las proporciones adecuadas. Ninguna sensibilidad artística anterior se ha arriesgado tanto en el camino de la realidad grotesca. Todas esas contorsiones, caras bestiales y muecas diabólicas son profundamente humanas. En una palabra, es difícil precisar el punto en que la realidad y la fantasía se confunden”. Este es el camino que yo voy a tomar aquí como el más apropiado para hablar sobre el cuerpo en la actualidad. Quién sabe si el futuro no está en aquellos anuncios promocionales de Resident Evil 2: Apocalypse en los que se veían modelos zombis en publicidades de productos de belleza. Como reza el lema final de Videodrome, “Para convertirte en Carne Nueva primero tienes que matar la a la vieja (...) No temas dejar tu cuerpo morir”.

CINE: NUEVA CARNE Y VIEJO CUERPO

“¿Qué es la Nueva Carne? Ni el más aguerrido analista cultural sería capaz de proponer una definición válida capaz de englobar las distintas manifestaciones creativas -y filosóficas- que en los últimos veinte años han transformado el cuerpo humano en un nuevo ente monstruoso, el cual, de forma extremadamente gráfica, mediante póstulas u supuraciones infecciosas, tumores y malformaciones provocadas, cirugía extrema y manipulaciones genéticas, sexo violento y carne apaleada, injertos tecnológicos e invasiones víricas, expresa terrores que desde siempre anidan en el alma humana (...) El temor al cuerpo mutilado, a la transgresión de las fronteras corporales (interior-exterior)”.
Este primer acercamiento a la definición de lo que sea la Nueva Carne adelanta ya bastante de lo que en lo sucesivo vamos a exponer, pero no lo dice todo. Las definiciones que maneja la obra La Nueva Carne. Una Estética Perversa del Cuerpo son, a mi modo de ver, demasiado fieles a las formulaciones que David Cronenberg y otros artistas muy similares han elaborado en sus producciones. Es del todo necesario hacer referencia a las películas de Cronenberg para comprender lo que el concepto signifique, pero no creo que sea obligado reducirlo a sus obras ni a otras de similares características. Los trabajos de David Cronenberg, Clive Barker, H.R. Giger... pecan, dentro de lo que cabe, de un gusto excesivamente exquisito. Lo que aquí voy a tratar de hacer es reclamar el derecho de otras parcelas y producciones a entrar dentro de ese fenómeno denominado la Nueva Carne: películas gore y de bajo presupuesto, asesinos en serie, pornografía, muertos vivientes, caníbales... múltiples manifestaciones que se pueden agrupar todas bajo el epígrafe de “ultraje al cuerpo”.
Creo que para hacer posible mi idea es necesario idear una pequeña reformulación del concepto de Nueva Carne. Este nuevo epígrafe nos permitirá colocar todo lo que acabamos de enumerar al lado del universo Cronenberg y compañía. Lo que yo sugiero es caracterizar a la Nueva Carne como todo aquello que se opone al discurso oficial mediante la exploración de las realidades corporales que éste deja de lado. No importa que exista un mensaje filosófico implícito o explícito, no importa que el artista tenga grandes pretensiones estéticas, no importa (aunque si que es de gran importancia) el maltrato del cuerpo... la clave es simplemente trabajar con todas aquellas formas del cuerpo que la sociedad actual suele rechazar y tachar de inmorales o no bellas. Además, mediante la palabra “realidades” se dejan arrinconadas todas aquellas pretensiones de superación y creación de superhombres que me parecen inviables o estériles por el momento. La pretensión principal no es reivindicar la imposición de un determinado modo de ver el cuerpo en detrimento de otra, sino mostrar a la sociedad que no se puede vivir en un mundo de fantasía ignorando la realidad. El cuerpo es sexo, el cuerpo posee vísceras y es constantemente pasto de infecciones, supuraciones o mutilaciones que no pueden ser ocultadas. El cuerpo es mucho más que su anverso amable y bello porque principalmente es reverso tenebroso. De hecho, es lo telúrico, aquella naturaleza corporal que se nos oculta bajo un cutis perfecto, la condición de posibilidad del discurso oficial: un cáncer de hígado arruina todo esfuerzo cosmético.
Una vez aclarado el aspecto formal quiero trabajar en tres direcciones diferentes. En primer lugar entraré a perfilar una serie de rasgos de la Nueva Carne que me parecen muy interesantes, basándome sobre todo en la obra ya mencionada: La Nueva Carne. Una Estética Perversa del Cuerpo. En segundo lugar analizaré las técnicas que tiene el cine gore para luchar contra el discurso corporal socialmente aceptado, junto a las reflexiones que cabe hacer sobre el tema a la luz del cine de asesinos en serie. Y por último me centraré en una aportación del cine español al fenómeno de la Nueva Carne.

I. Rasgos definitorios de la Nueva Carne

Podemos hablar de varios rasgos definitorios. Los primeros ya los hemos diseminado a lo largo del trabajo. Dijimos arriba que era de vital importancia la presentación de las partes y situaciones más abyectas del cuerpo humano: cuerpos supurando, cuerpos enfermos, cuerpos mutados, cuerpos vejados y maltratados... todo eso es decisivo pero, como también hemos señalado, no del todo necesario. Se señaló aun más arriba que otra idea relevante era la de la credibilidad. Es difícil creer en las fantasías de Spiderman, por ejemplo, pero terribles asesinos en serie nos muestran que las más tremendas películas gore o splatter son, a menudo, superadas por la realidad.
Todas estas ideas nos llevan a la relación entre monstruo y metamorfosis. Si antes los monstruos eran lo otro y se apartaba al espectador tanto de la transformación como de las atrocidades, ahora el monstruo está dentro del cuerpo y se muestra la identificación bestia-hombre mediante una metamorfosis explicita. Ya no se nos niega nada: vemos las horrendas transformaciones, la forma en la que los zombis devoran a protagonistas y cadáveres, como los cuerpos se pudren, se descomponen, se deshacen... Esos horrores, esas vísceras y esas supuraciones somos nosotros mismos. La cirugía estética puede hacernos caer en ilusiones trascendentales de eternas juventudes y cuerpos perfectos, pero la dura realidad es que envejecemos y caminamos hacia una muerte que no es más que deterioro del cuerpo y podredumbre.
Otro tema es el que nosotros hemos incluido en la definición primaria de la Nueva Carne: revisión y modificación del orden establecido; idea que está ya en Cronenberg de una manera muy explicita si atendemos a algunos diálogos ya míticos de Videodrome o La Mosca.
Comencemos por el diálogo final de Videodrome, cuando Nicki se dirige a Max diciéndole: “tu cuerpo ha sufrido muchos cambios, pero sólo es el principio, el principio de la Nueva Carne. Tienes que llegar hasta el final. Transformación total (...) Para convertirte en carne nueva primero tienes que matar a la vieja. No temas, no temas dejar a tu cuerpo morir”. Podemos interpretar la cita como una llamada a la lucha por los derechos totales del cuerpo y su expresión, tal y como aquí la venimos definiendo. Todo el sadomasoquismo y las mutilaciones vividas por Max a lo largo del film son sólo el principio de esa Nueva Carne; ahora es necesario seguir en esa dirección hasta llegar a la transformación total de la visión social del cuerpo, cosa que se consigue matando a la vieja carne, al cuerpo tal y como es interpretado en la actualidad. La cosa está aun más clara en el diálogo que Seth Brundle mantiene con Verónica Quaife durante el transcurso de La Mosca. “Tú sólo conoces la línea prefijada por la sociedad sobre eso (la Nueva Carne)”, dice Brundle. “No puedes superar el miedo enfermizo de la sociedad por la carne (...) ¿sabes qué te digo? no estoy hablando sólo de sexo y penetración, estoy hablando de penetrar más allá del velo de la carne”. Creo que no hay mucho que añadir. La Nueva Carne es, sobre todo, un movimiento social que busca un cambio en la concepción del cuerpo.
Como último elemento es necesario mencionar el tema del sexo. Que el sexo es un componente definitorio de la Nueva Carne está claro desde el principio. Ya en Videodrome, el protagonista se gana la vida buscando programas de alto contenido erótico. Videodrome mismo es un programa de sadomasoquismo extremo, y tanto Max como Nicki se vuelven adictos a dicha práctica. También el film Crash de Cronenberg es una constante exploración de las posibilidades sexuales de la Nueva Carne. Y que decir de la producción de Clive Barker Hellraiser. Los que Traen el Infierno. Allí la obsesión de uno de los personajes principales por el sexo le lleva a atravesar las barreras de lo sobrenatural en busca de placeres desconocidos. Los cenobitas le ofrecen un mundo de placer sexual a través del dolor más extremo, aunque él deberá permanecer eternamente como esclavo de ellos en aquella dimensión paralela. Las indumentarias y las prácticas de los seductores monstruos son desviaciones extremas del universo sadomasoquista.
A mi entender, también el porno, desde las expresiones más “soft” de Russ Mayers hasta el “hardcore” de productoras como Vivid o de Private, debería formar parte de esta familia. En el porno también se muestran posibilidades del cuerpo y de la carne que son despreciadas socialmente. Los cuerpos son lamidos, penetrados, eyaculan, reciben fluidos... En el porno se muestran los cuerpos sexuados en su total actividad, y todo ello del modo más explícito y sin tapujos. Nadie niega que la imagen pornográfica agota su sentido en si misma por hiperrealidad, pero ello no le resta carácter transgresor. El porno debe ser incluido dentro de la Nueva Carne aunque la carne que allí se exhibe esté libre de toda enfermedad.
Sin embargo, no estoy de acuerdo con algunas de las afirmaciones que se hacen en el libro. Creo que no es correcto hablar de la Nueva Carne en estos términos: “construcción de universos virtuales, en los que la fantasía humana, apoyada por la tecnología, triunfa sobre lo natural, imponiendo nuevas reglas de juego que tratan de escapar al azar de lo contingente o al designio fatal de lo divino. Una vez más el impulso es (...) fáustico, en el sentido de conquista de la inmortalidad. Lucha contra el sufrimiento, el dolor, la imperfección y la muerte”. En la Nueva Carne no hay nada de inmortalidad ni de mitigación del sufrimiento y la muerte, sino más bien todo lo contrario. De lo que se trata es de ver la muerte como algo natural, de ver la enfermedad como nuestra cotidianidad y no como algo inexplicable que surge sólo en algunos casos extremos. Se trata de ver la violencia humana y el sexo como algo intrínseco a nuestro ser.
Estas son las características de la Nueva Carne que me parecen importantes a la hora de entender lo que estoy exponiendo aquí, aunque confieso que he reservado unas cuantas a la espera de un lugar mejor para su formulación.

II. Las estrategias de la violencia

“Si los anteriores autores intentaron crear toda una mística de la carne liberando al cuerpo de los esquemas dominantes en el género desde finales de los años sesenta, otro tipo de cine utilizó el cuerpo como materia inerte sobre la que ejercitar todo tipo de humillaciones en un complejo sistema de acercamiento donde el gore y el hardcore se confundían. La imagen canónica de esta tendencia la tuvimos en La Matanza de Texas (...) que demostraba la desacralización del cuerpo en el moderno cine de terror. Los años setenta representaron la progresiva implantación de toda una estética de la degeneración somática, alejada de todo intento de teorizar sobre el valor de la propia carne y expresada como elemento maleable (...) La muerte rápida, instantánea, sólo tiene interés en su aftermath, en el propio testimonio de la carne como resultado de la atrocidad (...) pero la tortura o una ejecución lenta y sádica jugaba con los propios postulados de la transformación violenta de la carne o su mutilación removiendo los sentimientos masoquistas del propio espectador. Secuencias detenidas y rigurosas (...) hicieron recrear un nuevo sentido al protagonismo del cuerpo el cine de terror contemporáneo que derivaría en aventuras más expresamente sadomasoquistas”.
El texto que acabamos de citar ofrece el resumen perfecto de casi todo lo que en este apartado vamos a tratar bajo el subtítulo de “carne ultrajada”. Como ya se ha dicho arriba, se trata de ver el sufrimiento del cuerpo mediante torturas y mutilaciones inflingidas de una forma absolutamente sádica. “¿Quién sobrevivirá y qué es lo que quedará de él?” aclaraba desde un principio el cartel promocional de La Matanza de Texas. Aquí sólo importa el dolor como demostración de que nadie está a salvo, de que toda la belleza que la sociedad lucha por mantener es más frágil de lo que parece y puede desaparecer en espacios reducidos “gobernados” por individuos dementes.
Voy a entrar en primer lugar a desentrañar la película de Rob Zombie La Casa de los 1000 Cadáveres. Elijo esta producción, en lugar de otros clásicos, porque creo que es un delicioso pastiche postmoderno que asimila a la perfección toda la tradición más sangrienta a la par que plasma por completo todo el ideario que aquí estamos manejando.
La trama es ya un tópico. Un grupo de jóvenes se ven obligados a pedir ayuda cuando se les pincha la rueda de su coche. La familia con la que van a topar es básicamente un ideal-tipo de los pueblerinos norteamericanos, pero con el aliciente de que el ausente cabeza de familia es el famoso Dr. Satan, un científico loco que fue ejecutado por una turba enfurecida al salir a la luz sus extraños experimentos. Como mandan los cánones se sucederán las dolorosas y sufrientes muertes de todos los miembros de la pandilla a manos de la pervertida unidad familiar.
Pero centrémonos en lo que a nosotros nos importa. Desde los títulos de crédito sabemos a que nos vamos a enfrentar: acompañando a los títulos de crédito aparecen continuas escenas de porno blando, cadáveres diseccionados o putrefactos, freaks, y deformidades variadas que anticipan el trato que en esta producción va a recibir el cuerpo humano.
El primer elemento a presentar es el de la lucha contra lo socialmente establecido, contra el culto al cuerpo superficial que ignora su interior. Otis, el hermano mayor y también el más brutal de la familia, ha secuestrado a un grupo de animadoras (símbolo por antonomasia del discurso oficial del cuerpo en películas y series de televisión norteamericanas) que son sometidas a brutales torturas y mutilaciones. El argumento esgrimido por éste a la hora de justificar su actuación ante las aterradas niñas es: “me tengo que librar de esta cultura”. El mismo sujeto es una fuente de aforismos contraculturales a lo largo de la película. Cuando la policía encuentra el mutilado cadáver de una de las animadoras se puede oír su voz en off diciendo: “la gente viene y va pero ¿cuántos se paran a mirar el lado más débil de la bestia? Yo les paro y les obligo a mirar. Espero que os guste lo que vais a ver”; a lo que sigue una escena protagonizada por un hombre loco que sentencia: “no tenéis que ir al infierno porque esto es el infierno”. El objetivo de Otis cuando tortura al grupo de animadoras y de jóvenes protagonistas es el de hacer de la muerte y la tortura una obra de arte, cosa que se comprueba con la figura del hombre pez o con el conjunto escultórico formado por una de las jóvenes retenidas y los cadáveres de las animadoras.
La mirada es fundamental para el director. Se nos obliga a contemplar la brutalidad del comportamiento humano objetivado en las miradas vacías de los cuerpos muertos o en los expresivos ojos de las personas que están sufriendo terribles torturas. Esa es la parte débil de la bestia, la parte más frágil del ser humano que constantemente tratamos de olvidar. El infierno está entre nosotros, puede estar tras las puertas de la casa del vecino como en El Silencio de los Corderos, o puede ser provocado por nuestra propia madre como en Los Asesinatos de Mamá de John Waters. Basta que alguien decida no respetar el “sentido común” o los valores compartidos por la comunidad para que se abran las puertas del averno y nos sumamos en una situación de total desamparo. Nuestra sociedad y el cuerpo humano son más frágiles de lo que nos pensamos; estamos expuestos constantemente a la voluntad de los otros, a la correcta observación de las reglas por parte de los demás.
“Curiosamente es en los Psycho-Killers más recientes donde se ha podido ver una exhibición más descarada del cuerpo mutilado (...) El cuerpo, la carne, han quedado ultrajados, humillados, siendo objeto de una representación de lo abyecto, que acerca a la forma humana a lo deforme y lo monstruoso, dando lugar a la creación de figuras perversas y siniestras”. El asesino en serie sintetiza a la perfección todos los elementos que venimos desgranando.
Él no posee un sistema de valores convencional y ello le lleva a obrar brutalmente contra los seres humanos y a ver en los cuerpos las más variadas funciones. Lo suyo es también una lucha contra la valoración habitual del cuerpo. Búfalo Bill, el asesino de El Silencio de los Corderos, siente más aprecio por su perrita que por las chicas que desolla para fabricarse un cuerpo de mujer. Hannibal Lecter es un personaje carismático de modales exquisitos pero con una gran debilidad por la carne humana. Por su parte, John Dough, el asesino de la película Seven, se indigna ante la falta de valores de nuestra sociedad pero no tiene el menor problema a la hora de someter a indescriptibles muertes a sus víctimas. M, El vampiro de Dusseldorf estaba convencido de que su actuación era éticamente reprobable, pero había sido posible debido a la laxitud de las leyes alemanas y la moralidad blanda de la República de Weimar.
Pero además el asesino en serie también hace del cuerpo algo funcional, lo despoja de toda su aura y lo trata como pura materia sin ningún valor ulterior (el cuerpo es sólo carne). Henry, el protagonista de Retrato de un Asesino en Serie, graba sus fechorías junto a Otis para verlas luego y divertirse. El asesino múltiple también hace de la muerte y la tortura un arte. “El concepto de body-art suele considerarse como una acción que se aplica en el cuerpo propio. Es atributo de esa figura al parecer fascinante para el horror film que es el serial killer el practicarlo sobre el cuerpo de sus víctimas: del body-art al body-apart (cuerpo separado)”. Cuando la policía entró a la casa de Ed Gein, pudo comprobar que el cuerpo humano podía ser usado para la elaboración de menaje de hogar y alta costura: Las habitaciones estaban repletas de cráneos humanos utilizados a modo de vasos, cortinas y sillas tapizadas con piel humana, y un traje de mujer elaborado cuidadosamente con restos de cadáveres. El arte del psycho killer en relación al cuerpo no es un arte clásico impregnado de aura sino que, dada su reproductividad en serie, las obras, los cuerpos de los asesinados, pierden toda aura y todo el sentido que estos podían tener. El ritual del asesino es más peligroso y tiene más sentido del que comúnmente se cree.

III. La Nueva Carne “made in Spain”: Álex de la Iglesia y Acción Mutante

La opera prima de Álex de la Iglesia, Acción Mutante, nos va a servir para comprobar que nuestro país no ha sido ajeno al fenómeno de la Nueva Carne.
La trama es muy original. Un grupo de lisiados es vertebrado por Ramón Yarritu para formar el grupo terrorista Acción Mutante. Su objetivo son “personalidades relacionadas con el físico, la salud pública y los bancos de semen”. Cuando Ramón sale de la cárcel la banda planea su golpe definitivo: el secuestro de la hija de los Orujo (unos empresarios multimillonarios que fabrican panecillos integrales) el día de su boda.
El discurso que realiza Ramón antes de comenzar la operación es el mejor argumento a favor de la elección de esta película: “¿Habéis olvidado las tres grandes preguntas? ¿Qué erais cuando os encontré? ¡Desechos, Basura!, ¿Quién os sacó del arroyo y os hizo lo que sois? ¡Tú, Ramón!, ¿Qué sois ahora? ¡Mutantes!”. Después el mismo Ramón añade “Somos soldados del ejército mutante y vamos a ganar la guerra. La sociedad nos trató como mierda y les vamos a dar por el culo. Este mundo está dominado por niños bonitos e hijos de papá. Basta ya de mierdas light, anuncios de colonias y aguas minerales. No queremos oler bien, no queremos adelgazar. Sólo quedamos nosotros. Todo el mundo es tonto o moderno. Somos mutantes, no pijos de playa o maricones diseño. Y ahora vamos a enseñar a esos capullos lo que es terrorismo”.
La cosa está clara. Se reclama el derecho a no comulgar con el discurso oficial del cuerpo: nada de adelgazar, nada de bellezas externas y superficiales identificables con el éxito social. El logotipo de la banda es la señal de minusválidos empuñando una ametralladora, mientras que una de las pintadas hechas por el comando en la calle reza “el muñón es bello”. Si además de esto citamos fragmentos de la banda sonora perpetrada por los siempre chocantes y aguerridos Def con Dos, no tendremos mucho más que añadir: “... para feos y mutilados ha empezado ya el baile. Empalamos culturista, quemamos gimnasios; en la sauna se cuecen, son gusanos (...) Haz como Johnny y coge el fusil. Mataremos guaperas con o sin ti”.
En la película, además se suceden escenas de violencia, desmembraciones, muertes, sexo, porno, y sangre. Los cuerpos de los protagonistas se van deteriorando escena tras escena, destacando algunas como la muerte de uno de los siameses y su posterior disecación, la perdida de la protección facial de Ramón y la sádica tortura a la que se ve sometido por parte del niño del planeta Axturiax, o las mutilaciones del siamés vivo y la hija de los Orujo.
Pero es quizás el final del film una de las partes más interesantes. Tras la explosión de la bomba en el lugar del intercambio, sólo logran sobrevivir el siamés y la joven Orujo. El siamés logra desprenderse de su hermano disecado, mientras que la protagonista pierde uno de sus brazos y parte de su cuerpo. Ambos salen del bar apoyándose uno en el otro, cosa que nos impulsa a presuponer una futura unión matrimonial y corporal entre ambos. La historia aquí es la inversión de cuentos clásicos como La Bella y la Bestia o La Princesa y la Rana. Ahora es la bella protagonista la que se une al bando de los feos y mutilados. En Acción Mutante triunfa el cuerpo ultrajado sobre el fascismo del cuerpo bello.

CONCLUSIÓN: ¿HACIA LA NEGACIÓN DE LA NEGACIÓN?

¿Cuál es el futuro de la Nueva Carne? Hemos dicho que el fenómeno de la Nueva Carne surge como contestación al discurso estético acerca del cuerpo que impera en nuestra sociedad. Este movimiento trata de mostrar una realidad concreta que es ocultada por parte de la belleza dominadora de nuestro momento histórico: el cuerpo no es sólo longevidad, perfección, bondad, verdad y belleza; el cuerpo es también, y principalmente, carne enferma, dolor, vísceras, sangre, sexo... Todo eso se olvida pero está ahí, por lo que no debería dejarse de lado.
A partir de aquí y en relación con lo anterior, voy a proponer un posible destino para nuestra Nueva Carne. ¿Qué puede suceder en el futuro con ella? Siguiendo la lógica adorniana de la evolución dialéctica que siguen el par belleza-fealdad a lo largo de la historia, no es descabellado pensar que, tarde o temprano, la Nueva Carne pase a formar parte del pasado como algo socialmente aceptado. Tal vez estemos viviendo el inicio de ese momento. Las películas de muertos vivientes inundan las salas comerciales, los films de “porno artístico” como Fóllame, Intimidad, Romance X, o 9 Songs van siendo algo cotidiano para los espectadores, y algunas manifestaciones estéticas como la “plastinación” de von Hagens van entrando poco a poco en los museos. Todos estos fenómenos indican la pronta desaparición de la Nueva Carne socialmente molesta.
¿Cuál será su legado? ¿Habrá logrado erosionar mínimamente la alucinación emitida por la belleza corporal? A mi modo de ver, las obras de la Nueva Carne acabarán como todo el arte de oposición anterior, es decir, el panorama cultural acabará por desviar su sentido y quedarán como objetos artísticos inofensivos. Seguramente no cambiará para nada la concepción occidental sobre el cuerpo y las pretensiones de la Nueva Carne caerán en saco roto. La cirugía estética, los productos cosméticos, los guapos estudiantes de los institutos de teleseries, Julia Roberts y Ana Obregón ganarán la partida sin tan siquiera apercibirse de la batalla que se ha llevado a cabo. Ciertamente es un final bastante pesimista para un trabajo en el que se ha invertido tanto esfuerzo y optimismo.
Pero aun quedan dos resquicios de luz en esta pequeña historia. El primero es que el movimiento quedará a modo de guerrilla para que quien quiera ver y pensar la falsa concepción del cuerpo que su mundo maneja como real tenga al menos una oportunidad de hacerlo. El segundo es una formulación utópica que nos permite cerrar completamente nuestra reflexión. En el caso de que ese tercer momento dialéctico afirmativo-negativo consiga integrar correctamente el discurso de la Nueva Carne, se habrá realizado el proyecto que la lógica de la modernidad había preparado para el cuerpo. El cuerpo habrá sido introducido de un modo completo dentro de la cultura occidental y un nuevo horizonte se abrirá para las estéticas del cuerpo. Creo que sólo a partir de ese momento tendría sentido un discurso que hablase de la superación del antiguo cuerpo mediante la tecnología. Sólo entonces se podría hablar de perfeccionar nuestra naturaleza para convertirnos en superhéroes o en superhombres.
Pero no nos equivoquemos. Esos superhombres acabarán por encontrar nuevos superproblemas que sólo podrán ser superados por supersuperhombres que hayan modificado sus cuerpos con supertecnologías. Quizás sea ese el momento de la reaparición de la Nueva Carne en el panorama intelectual y artístico: exploración de todos los límites y posibilidades de la supercarne. Este trabajo es, pues, el final de la primera parte de la Nueva Carne, una saga interminable como las de Freddy, Jason o Michael Mayers. Como en todas esas películas, el villano incomodador de jóvenes guapos y exitosos nunca es vencido totalmente, entre otras cosas, porque ya está muerto y los muertos no pueden morir. Cuando parezca que la Nueva Carne esté olvidada, superada y neutralizada, estaremos preparados para la segunda entrega de esta legendaria saga terrorífica: Nueva Carne 2: El retorno del cuerpo socialmente rechazado. Y es que todo el mundo sabe que “para convertirte en carne nueva primero tienes que matar a la vieja. No temas dejar a tu cuerpo morir”, ¡Larga vida a la Nueva Carne!
Tal vez lo que acabamos de contar en este trabajo tiene un número indefinido de precuelas extendidas a lo largo de toda la historia de la estética y del arte; tal vez rastreando el resto de sangre, monstruosidad y sufrimiento podríamos llegar a construir una genealogía histórica del suceso que tantas páginas nos ha ocupado aquí, pero eso lo dejaremos para otro momento.


Texto tomado de:www.usal.es/~viriato/filosofia/ webcongreso/com/DavidJimenez.doc
Imagen dela cinta "The Fly" de David Cronenberg tomada de:www.usal.es/~viriato/filosofia/ webcongreso/com/DavidJimenez.doc

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